LA ASOCIACION PALENCIANA DE LA PRENSA CELEBRA UNA ASAMBLEA, Y DOS DÍAS DESPUÉS NADIE ENVÍA UNA NOTA DE PRENSA

El pasado 28 de diciembre, la Asociación Palenciana de la Prensa, presidida por el inefable locutor Juan Francisco Raja, celebró una multitudinaria asamblea con la asistencia de seiscientos de sus socios en el bar “Maiami” de nuestra capital.
Mientras degustaban (con cargo, por supuesto, al presupuesto asociativo y subvenciones recibidas), cuarenta docenas de tortillas de patata con chorizo, magistralmente ejecutadas por el ínclito Marciel, las hordas de periodistas presentes se chuparon ochenta barriles de cigales casi sin respirar, pese a las insistentes llamadas a la moderación del directivo Raurgh González.
Consumadas las reiteradas libaciones, tomó la palabra el presidente para comenzar declamando las primeras frases del monólogo de Segismundo, siendo advertido por el también directivo David Flechilla de que no estaba en una de sus actuaciones de “el teatro va pa los pueblos“, por lo que reinició su perorata aberronchándose en una sentida representación del crimen del Ermitaño del Cristo del Otero, siendo entonces avisado por el socio Bonito Ytal de que tampoco estaba en una representación de “el teatro va por birrias“, tras lo cual reinició su discurso otra vez explayándose con el conocido monólogo de “el Club de la Comedia” “cosas que hacer atrapado en un ascensor“, siendo entonces alertado por las etéreas Carme Cuesta y Leonor Vamos (únicas féminas presentes, convencidas so pretexto de una magnífica exclusiva) de que tampoco se encontraba en el “Zentral“; finalmente, recordó donde se encontraba, agradeció la asistencia de los presentes, y propuso, dado lo avanzado de la hora, reservar mesa en el “Berzo” y encargar unos garbanzos con callos para todos para cenar.
Dos días y varias cajas de antiinflamatorios después, la Junta directiva de la Asociación se percató de que no se había adoptado acuerdo alguno ni, lo que es peor, remitido nota de prensa del suceso, a lo cual sentenció el presidente que “en casa del herrero, cuchillo de palo” y que “total, para el caso que nos iban a hacer”, encomendando no obstante a su directiva consultar al peripatético iletrado palenciano Jandrique Trilero las eventuales repercusiones legales de tan desastrosa conducta.
En la imagen, la Junta Directiva de la asociación se escolinga de nuevo por las procelosas vertientes del alcohol tras escuchar, con grande alivio, el infundado dictámen del disipado leguleyo, igualmente cogorza, agradeciéndolo imponiéndole una corona de hojas de azalea.
Perpetrado por
en la sección de Sociedad
el Viernes, 5 de marzo de 2010
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